El Hombre del Lago
Hace siglos, en la otra orilla del lago murió un dragón. Hoy en día se pueden encontrar joyas de las que tenía incrustadas en su vientre por el enorme tesoro que custodiaba el avaricioso gusano. Aquel rubí que encontré ardía en mi mano, su avaricia me llamaba. Podría ser un hombre rico, un hombre poderoso, el gobernador de la Ciudad en el Lago, podría… Sólo quiero ser un Hombre del Lago, cazar, beber, comer y vivir tranquilo. Aventuras, y luego familia. He dejado el rubí en la orilla, con las otras joyas, allí quedaron para siempre bañadas por las oscuras aguas del Lago.
amiguito fue sabia tu decisión porque los rubíes son súper pavosisimos
ResponderEliminarAvesces tenemos más riquezas en las cosas que a simple vista son las más sencillas.
ResponderEliminarbuen relato, indudablemente se puede extender para un cuento fantástico. saludos. Aldo
ResponderEliminar