
No se sabe de dónde vino, de un bosque lejano, de otro planeta, o de otra dimensión. La criatura solo toma lo que necesita, y su barba crece. Dentro de su casa de metal forjado, bajo una ruda, atisba el horizonte lejano este. Oye el ruido de unas llaves tintinear. Corre presuroso al final de la tarde, cuando ya casi todo es azul nocturno, y ya no vuelve a salir. Sólo se ven sus ojos entre las rendijas de su hogar, con un brillo secreto.
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