El monito está sólo en el bosque. Los altos árboles tapan la
luna y la oscuridad cierra sus dientes, engulléndolo todo, devorándolo todo,
respirando su denso aliento. El monito camina sobre el suelo de tierra, de
hojas secas, y provocan ruido sus pasos secos. Esos ruidos alertan a los
depredadores, que con ojos lascivos y hambrientos lo ven correr, sin guardia,
sin precaución, por el bosque eterno, oscuro, y siniestro. El monito busca a su
grupo, pero ellos lo abandonaron hace algún tiempo. La angustia lo sofoca, su
corazón se exalta, su mente está frenética. No le gusta estar solo. No soporta la angustia, que cierra sus dientes
engulléndolo todo, devorándolo todo, respirando su denso aliento. El monito en
la densa oscuridad llora en silencio.
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