julio 05, 2013

Pascualina (El Truco Final)


 Minuto, silencio, segundo, milenio. Eterna, viviente, malvada, astuta, bruja.  En mi más profunda hora de oscuridad, ¿quién me culparía por la sangre que he derramado? Hijo mío, ven a la luz que no ilumina, ven conmigo al rincón más secreto, cuando dos almas inocentes se aman, no son necesarias pócimas de amor, pero mi alma no es tan blanca como parece. Con sortilegios, es hermoso derramar sangre por el ser amado, como flechas que surcan invisibles el cielo, un sicario por encargo propio, págame con tu alma, amor, con tu corazón. No me dejes sola con la culpa, no me dejes sola con los demonios del bosque antiguo, y los sortilegios que aún no aprendo a dominar.  ¿Dónde quedó ese mundo que soñamos juntos?

 Alguien cosió mis sueños con la realidad, ¿quién tejió los cuentos mientras yo dormía?
-Mijita, hija, levántese, mire que el sol salió y es un hermoso día para que ud. y sus amiguitos…
-Mamá, yaa, estoy grande…

El Truco Final, Ya está Disponible!

Pinocho (El Truco Final)


 Vivir en la tienda de juguetes es maravilloso. Los niños vienen y te toman desde la cruz, mueven tus cuerdas, y cobro vida por unos momentos. Reímos todos, y ellos disfrutan. Pero al final del día nadie me compra. ¿Será mejor así? Sueño con el día en que llegue la Hada Azul, y pueda irme corriendo de la casa de Gepeto, ese viejo egoísta, que sólo me necesitó. Pero soy feliz, mientras alguien sonría por mí, mientras alguien me haga sonreír. Pues las hadas no existen.

 Alguien cosió mis sueños con la realidad, ¿quién tejió los cuentos mientras dormía?


-Ya cabro, levántate, que vas a llegar tarde….

Versión Final Próximamente.

julio 03, 2013

Bella (El Truco Final)


Volaba en la noche, ¡Témanme, Hijos de los Hombres! Que su sangre lata, porque es deliciosa entre mis labios. La garganta pide a gritos el sabor dulce de la sangre diabética, pide a gritos el salado de los glotones. Me dejé caer sobre la ciudad, y sabía que yo la dominaba. Que nadie le faltaría el respeto a la Vampiresa dueña del castillo. En el pueblo todos me aman, pues soy hermosa. En el pueblo todos me temen, pues soy la Muerte.

 Alguien cosió mis sueños con la realidad, ¿quién tejió los cuentos mientras dormía?

-Niña, ¿estas son horas de dormir? ¡Así no vas a llegar a ninguna parte!

Versión Final Próximamente.

julio 02, 2013

Arlequino (El Truco Final)



“¡Entren, entren! ¡El show está a punto de comenzar!” les dije, y los invité a pasar a mi carpa. Y rieron, y disfrutaron, el show de malabares y acróbatas. Las bailarinas y los amaestradores. Rieron, comieron, disfrutaron. Aún más con los chistes, aún más con la risa de mí entretenimiento. Soy el Payaso, y es lo que todo niño viene a ver al circo. Terminó el día, y me saqué el maquillaje. Todos rieron, pero ¿rieron conmigo, o se rieron de mí?


 Alguien cosió mis sueños con la realidad, ¿quién tejió los cuentos mientras dormía?

-Osito, despierta, que vas a llegar tarde al colegio…

Versión Final Próximamente.

mayo 08, 2013

Rabia



 El Sargento Salgado dormía el sueño de los inocentes. Descansaba plácidamente en su colchón traído de Santiago, bajo un techo firme en el cuartel de Temuco. Dormía el sueño descansado de quien ha cumplido con un buen trabajo, cuando nadie te puede reprochar nada.
*Tue-tué*, cantó una vez, y nadie advirtió su sonido.
*Tue-tué*, cantó dos veces, y era un advertencia de la cual nadie se percató.
*Tue-tué*, cantó tres veces, y los maldijo a todos, pero nadie recordaba el peligro en que se encontraban.
Luego,  un pájaro de alas negras se coló por las murallas, pero ningún guardia las detuvo. Frente a la ventana, se materializó un Malhombre, frente al buen hombre del sargento.
-Despierta, Salgado.
 El Sargento abrió sus ojos asustado, y vió aun hombre parado frente a sí, vestía una larga manta de castilla, pantalones, y un sombrero. Descubrió que no podía moverse. Pero pudo hablar:
-¿Quién eres tú? ¿Cómo pudiste entrar aquí?
-Soy, Sargento, lo que los huinkas llaman reacción equivalente a un trabajo realizado. Y su trabajo, señor, ha sido maravilloso. Muchos niños han mojado la cama por sus acciones.
-¿Áh? ¿De qué estás hablando?
-Oh, de nada, señor. Verá, no creo que sea de ud. la culpa, aunque tampoco creo que no haya disfrutado, aunque sea un cachito, con las cosas que hizo aquí en el sur.
-¿Acá? Pero si yo sólo sigo órdenes…
-¿Ve a lo que me refiero? Yo sé que usted no es el represor, ¿o no? A ud. le dicen que venga al sur a buscar terroristas, y los encuentra, ¿no es así? – No hubo respuesta-. Es lo bueno de aliarse con el lado a ganar, no se pierde mucho, pero se gana harto. Por cierto, ¿este es su brazo de la pistola, verdad? ¿Con este entró a balazo limpio a las casas de los comuneros?
-¿Qué es lo que me vas a hacer? –el kalku sacó un cuchillo, rió un momento. Dijo:
-Sargento, en un mundo donde el bien es un perjuicio, el mal debe volverse la justicia, para devolverle el balance al mundo. No es nada personal.  – Y entonces, con un movimiento rápido le cortó el brazo, y la sangre brotó rápida cascada.- Grite todo lo que quiera, Sargento. Nadie lo va a escuchar.
 No hubo resistencia. La sesión de tortura duró toda la noche; nadie pudo oír los gritos, no hubo cámaras, ni testigos, ni guardias. Sólo un cuerpo y un ejecutor. Entre cuatro paredes, nada puede detener a una fuerza de la naturaleza, un kalku, la rabia encarnada de siglos enteros. Al final, del cuerpo del Sargento sólo quedaban cabeza y costillas. Y sin embargo, aún no se desmallaba, aún podía hablar.
-¿Cómo sé si esto es real o es un sueño?
-Sargento, lo sabrá cuando el dolor termine, si despierta o no.
*Tue-tué*.
 La sangre puede verse tan roja a esas horas.