junio 04, 2011

Complejo de Casandra


 Las calles en este tiempo son algo vacías. Personajes recorren las veredas con estrépito, se apuran para resolver sus historias. Están vacías de gente, pero repletas de los personajes de sus sueños. Casandra, la de las desgracias, es de las pocas cuerdas, “hola, Sancho,  ¿ha visto al Quijote hoy?”, “ohh, un brujo, no muchas gracias, existen falsos poderes que me niego a explorar”, “no, Jesús, no queremos milagros el día de hoy”. Ella no llevaba los extraños circuitos verdes en sus cabellos, ni en ninguna parte. Un día una lluvia digital les había dejado así, y nunca más se recuperaron. Camina, Casandra, deja que tus cabellos trigueños cedan al viento y no escuches lo que te dicen. Sólo tus amigos caballeros merecen tu atención, aquellos que te salvaron, tu compañía, tu orden. Todos con sus vestidos de camisas y pantalones azules con extraños patrones lineados, circulares y rectos. Bienvenidos al mundo donde la cordura desapareció, donde tu personaje es tu vida, tu persona se esfumó en las calles vacías. Este es el mundo después de la lluvia. La Sociedad de la Información.

 Ellos caminan a buscar un objeto, cualquier empresa era difícil en estos tiempos, en realidad…

-¡Rápido, rápido! Se hace de noche –dijo Casandra
-Ya, ya lo sabemos –dijo uno.
-Si, pero si nos apuramos, algunos pueden aparecer.
-¿Qué? ¿Les tienes miedo a los vampiros de Crepúsculo? –rió uno.
-No, a otros…
 Un Freud pasaba por ahí.
-Caminen, ¡rápido!
  
 En la sociedad de la información no eres nadie. No te preocupes, que sin saber quien eres no tienes lugar a dónde ir, por más rápido que vallas.
 
 El lugar era un antiguo edificio de grandes puertas, carcomido por los años y la lluvia ácida. No había personas ni personajes ahí, el mundo digital huía de su mística aura, porque de ahí manaba algo a lo que todos temían. La verdad. Alguna verdad, parcialmente cierta, al menos.

-¿Qué lugar es este?- preguntó uno.
-Es una biblioteca.

 Entraron, las puertas se abrieron para hacer que el polvo volara una vez más, después de años sin tocar el aire. Era una biblioteca pequeña, aunque la mayoría del grupo siquiera sabían como era una. En las ventanas del fondo, luego de varias estanterías, la luna roja perpetua brillaba y algo de luz rojiza les regalaba. Casandra caminó sabiendo hacia donde se dirigía. Intuía que no tenían mucho tiempo antes de que la desgracia los alcanzara. Luego de que empresas STAR ONE quebrara tiempo atrás, la ciudad no era más que caos y desorden. Más de lo que siempre fue.
 
 Pasillo 3, 4, dobla en la esquina. Abajo. El Señor de los Anillos, Yo Robot, Mitos de Medio Oriente, Edgar Allan Poe. Hasta que encontró lo que buscaba.

-Señorita Casandra, ¿qué es eso?
-Un libro, Jean.
-¿Un libro? No los conocía, ¿Y cómo se llama?
-No tiene nombre
-¿De que trata?
-De nosotros, las leyendas
Las sirenas suenan en el aire.
-¿Sirenas? ¿Alarmas? ¿Qué son?
-Los bomberos-dijo Casandra.
-¿Para apagar qué?
-No para apagar, exactamente, ¡debemos irnos! ¡Ya!
  
 Y así corrieron a través de las estanterías, sin detenerse a pedir el libro a nadie que allí se encontrara. Atravesaron el pasillo principal, las grandes puertas. A la vuelta de la esquina, se veían las luces de las balizas, y venían los camiones rojos con su ruido ardiente. Ellos se pararon en la vereda de enfrente. El resto de transeúntes, absorbidos en sus anteojos ámbar, veían, no escuchaban, ni menos les hubiera importado. Estaban ocultos en las sombras indiferentes, y el espectáculo daría comienzo pronto.

 Llegaron los carros, y los bomberos salieron tan rápido como si todo fuera una real emergencia. ¡No arde, aún no arde! Pero lo hará. Y sacaron sus lanzallamas, de sus manos, el fuego salió demoniaco y opresor. La gran puerta pronto comenzó a arder. Adentro los verdaderos personajes se retorcían ficticios, aún así su dolor era más real que el de aquellos poseídos por la ficción de cristalino ámbar. Las llamas devoraban la madera y la obligaban a crujir. De a poco, el edificio se rindió, con todo su contenido, a su ira y su poder. Todas las letras reverenciaban al fuego. Ahora todos los lectores enmudecieron. Casandra y sus acompañantes, presenciaban el juego de las llamas alrededor de las últimas brazas. Y tenían el último libro, todo un sobreviviente durante siglos.


-¿Qué es lo que dice?
-Como salvarnos de este mundo.

 Los bomberos seguían alrededor, presenciando las llamas consumir, devoraban en saciedad por cada gota ardiente. Hasta la última ceniza. Y sólo quedó el carbón de lo que antes fue una biblioteca. Aunque continuó tan vacía como siempre.

 Casandra abrió el libro. Había en él dibujos, personajes inmemoriales.


-¿Quiénes son esos?
-Lo que ahora nosotros somos.
-¿Y de qué nos ayudará?
-Miren –y les mostró una figura, una bestia de millones de tentáculos sin ángulos, rodeando, negros, oscuros, y malolientes.
-¿Qué es eso?
-Mi sueño, nuestra perdición. Viene hacia nosotros.
-¿¡Qué!? ¿Y cómo detenerlo?
-Espero que alguno de estos sepa cómo… -Y Casandra se dispuso a recorrer las hojas. Caminaron hacia su guarida. Mientras, anochecía sobre las cenizas de este nuevo mundo.

En alguna cama, Casandra se quedó dormida. La última página abierta mostraba el brujo de un bosque encerrado, más viejo que las letras de la promesa de un nuevo mundo.

1 comentario:

  1. Amor que lindo! me gusto, bastante fantástico e interesante. Sigue escribiendo siempre! besitos.

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